En sus redes (Parte 1)

 En sus redes…

 

Eran esos días de intenso trabajo, aquellos que tenias que estar en la oficina más tiempo, entrar puntual y salir mucho después de la hora de trabajo, en los que el almuerzo se reducía a tan solo poco tiempo, apenas para ir rápidamente a casa y calentar comida guardada en el refri, o comprar comida rápida y tomarse unos minutos sentado en el establecimiento antes volver al escritorio.

 

Aquel día el trabajo ya había disminuido por lo que decidí tomarme más tiempo en el almuerzo, cerca ya de la hora, esperando para salir a comer, ansiaba ya poder comer algo decente después de días de comida fría, y a tan solo 15 minutos de dejar mis actividades, suena un mensaje en mi celular, volteo para leer la notificación y en ella se leía “tengo algo que quiero que veas, ven rápido”.

 

El mensaje me llego de un número no registrado, pero que conocía muy bien, era una excompañera del trabajo con quien tuve una aventura, ambos teníamos pareja, ella estaba recién comprometida y había dejado el trabajo por problemas con la supervisora, yo en cambio estaba casado y desde que ella salió del trabajo no había tenido aventuras fuera de mi matrimonio.

 

En fin, sabia la intención de ese mensaje, pero con tantos días de cansancio, no pensaba claramente y tampoco tenia intenciones de tener una aventura, así que respondí que estaba sobrecargado de trabajo y me seria imposible ir a verla, ella respondió de nueva cuenta:

-será solo unos minutos, menos de lo que toma tu hora de almuerzo.

Lo que me recordó que no había comido nada y ya sentía mucho cansancio y hambre. Para no ser grosero respondí amablemente por mensaje, sin que ella se sintiera cortada, pero si, con intensiones de verla otro día:

- Porque mejor no nos vemos el sábado, que salgo al medio día, diré que aún tenemos trabajo en oficina y te veo en algún lugar-.

-mmm, ven ahorita ¿por qué no quieres?

-Si quisiera, pero aún tengo demasiado trabajo y poco tiempo de almuerzo

-Chismoso, ya me dijo Aní que el trabajo pesado paso y que tienen más tiempo de almuerzo.

Me sentí descubierto y culpable, así que trate de solucionar las cosas, y me sincere:

-Disculpa, la verdad llevo días trabajando tanto y me siento cansado, no he podido comer bien y la verdad me gustaría poder renovar mis fuerzas comiendo bien en el almuerzo, porque no vienes conmigo y te invito de comer.

-No. No quiero salir, mejor ven yo tengo comida, que mi novio me mando

- Pero en serio, quiero comer

-Si, me mando bastante, acompáñame

-Bueno te veo, en tu casa, ya voy de salida.

 

En realidad, su casa quedaba cerca del trabajo, solo 10 minutos tardaría en desplazarme para allá y otros 10 de regreso, eso hacia que me quede suficiente tiempo para comer, además no iría a casa porque mi esposa sabía que aún tenía carga de trabajo. Tomé mis cosas y me puse en camino a casa de “Karen”.

Finalmente llegue a su casa, así que escribí para que me abriera la puerta, me respondió:

-Deje abierto, pasa

Pase y entre a su casa, salude y escuche decir – Estoy en el cuarto, traje la comida para acá, entra.

Me dirigí al cuarto, abrí la puerta y ahí estaba ella. Lo que contemplaba era increíble, que quede atónito, ella se sonrió y dijo:

- ¿Te gusta? Esto es lo que quería mostrarte. Aun no lo ha visto mi novio quería que seas el primero en verme así.

 

Ella se encontraba sentada en un sillón individual de alcoba de brazos de madera, las piernas las tenía sobre el cojín del sillón, por lo tanto está de más mencionar que tenía las piernas bien abiertas, llevaba puestas unas medias de red negras que apretaban sus piernas marcándose sobre su piel, en la parte de la entre pierna la red apenas llevaba una abertura y no estaba usando ropa interior, por lo que me dejaba ver su rajita bien carnosita y tenía una depilación especial, el vello del pubis recortado formando un pequeño corazón, era una vista espectacular. En sus manos llevaba unos guantes alargados de malla negros y con perlas de fantasía, que hacían juego con la red de las piernas, tenía puesta un top de malla transparente igual negro que mostraba sus pezones cafés bien paraditos, el cabello suelto y ondulado que caía más allá de la altura de sus hombros, algunos cabellos rozaban las areolas de los senos, los labios con un rojo fuerte resaltaban la carnosidad de estos, y una gargantilla negra remataba ese espectáculo visual.

Junto a ella había una mesita, donde había colocado la comida que mando su prometido, y unas copas de vino. Quede parado casi inmóvil junto a la puerta y el silencio se rompió al decir ella:

- ¿Qué comerás primero? - Llevando sus dedos a la altura del corazón que se formaba en su pubis con su vello, acariciándolo y bajando lentamente sus dedos, para abrirlos lentamente y mostrarme el interior de sus labios.

 

(Fin parte 1)

 

 

 

 

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