Pagandole al Uber

Los últimos días en el trabajo de Anahi habían sido demasiado agotadores, y aquel viernes no fue la excepción, faltando sólo uno cuarto de hora para salir e irse por fin a casa, su mirada se fijo en el reloj de pared perdiéndose por completo en el lento avance de las manecillas, mientras su mente divagaba en pensamientos de relajación al llegar a casa, quitarse los zapatos, sacarse la ropa, en especial aquel sostén que ya le apretaba sus voluminosas tetas que quería sentir libres, imaginaba como dejaba caer el agua de la regadera sobre ella, en especial sus pechos y cara, en como saldría rumbo a su recámara solo con una toalla puesta y se tiraría en la cama, sentía que su cansancio era tal que ni siquiera se vestiría y quedaría dormida en su bata de baño, pero antes de dormir aprovecharía la soledad de su recámara y su desnudez para relajarse y autocomplacerse, para finalmente quedar profundamente dormida hasta el día siguiente.

Se había perdido tanto en sus pensamientos que no había notado como el reloj ya había avanzado poco más de la hora de salida, no más de 10 minutos pero si el tiempo suficiente para haber perdido el autobús a casa, por lo que reprochando su torpeza se vio obligada a pedir un servicio de aplicación para que la llevara a casa, así que no tardo en pedirlo mientras recogía sus cosas, para su sorpresa el servicio se presento antes de lo esperado y tuvo que apresurarse a salir para no generar cobro extra.

Finalmente se subió al vehículo y se encontró con el chófer, un señor de más de 50 años, quizá más de 60, con mirada livirinosa, y sonrisa poco agradable, su aspecto le parecía algo desagradable y mañoso, en especial porque notaba como la miraba de las piernas y del escote que llevaba, no es que le molestara ser observada por los hombres, pero la mirada del viejo le incomodaba, y le causaba cierta repulsión, en especial por el descaro y poca vergüenza de su mirada al observarla, se sentía recorrida de pies a cabeza por aquellos ojos lujuriosos.

Por otro lado el señor a pesar de la impresión que causaba, mostraba un trato amable hacia Anahi, buscando platica e intercambiar miradas, pero todo aquello evadido con cierto desprecio por ella, quizá por el cansancio y la fatiga del trabajo, el deseo de llegar a su casa a descansar, o el enojo con ella misma por haber dejado pasar el tiempo y perder el autobús, todo ello no la ponían de humor para coqueteos descarados de un viejo.

Pero a pesar de ello aquel señor no dejaba de dirigirse a ella, y volteaba de manera recurrente para fijar su mirada brevemente en sus pechos y piernas, el había notado aquella pesades de Anahi, y sin embargo insistía en seguir hablando, no le importaba el rechazo únicamente buscaba pretexto para observarla.

Finalmente se aproximaron al destino y Anahi sintió cierto alivio de estar en casa y librarse de las miradas obscenas de aquel señor, así como de sus intentos de platica y coqueteo, vio el celular para revisar la hora y se percato que había llegado mucho más rápido de lo imaginado, lo que le daría más tiempo para ella misma.

-Llegamos señorita, esta es la tarifa
-bueno es algo elevada, pero esta bien
- es lo que me ha marcado la aplicación, debe ser por el recorrido y el trafico pesado
- Si, no se preocupe ya le pago

Anahi empezó a buscar su cartera en la bolsa, cada vez más y más a prisa, su mirada se torno preocupante, y murmuraba 
-No puede ser, la he olvidado, como pasó, que tonta, que haré, debe estar por aquí.

El señor aprovechaba para observar más las piernas y pechos de Anahi, que se dejan ver más prominentes cuando se reclinaba a buscar.

-Señorita, ¿ si tiene el pago? tengo otro viaje 
- Si, deme un momento ya le pago
Anahi buscaba y buscaba
- Le molestaría encender la luz, para que pueda revisar bien por favor 
- Sin problema

El viejo mañoso, encendió las luces aprovechando la iluminación para observar con más detenimiento los pechos de Anahi 
- Señor, he olvidado mi cartera, le molestaría si le pago a través de transferencia, por favor.

El tono de voz de Anahi había cambiado, durante todo el camino había sido frívolo, distante y pedante, y ahora se mostraba, delicado, dulce y suplicante

El conductor respondió con una mueca
- Mmm bueno

Anahi abrió su aplicación para transferir pero sus ojos se dilataron al ver que no le quedaba saldo
- No, no puede ser que paso, tenía suficiente para este pago
- Señorita podría apurarse tengo otro viaje 
- Si permitame por favor 
- Por favor antes de que lo...
En ese momento sonó la aplicación
- El cliente ha cancelado el viaje
- Señorita ya me hizo perder un viaje y aun no me ha pagado este
- Por favor señor, si se lo pagare, solo que mi cartera la olvide y mi cuenta me ha cobrado de más 
- ¿Y como me lo pagará entonces?
- ¿Podria meterse al estacionamiento de ahí por favor para que busque bien?
- Lo hare solo porque dice que me lo pagará, y también me hizo perder el otro pasaje
- Si, si yo se lo pago 
El señor movio el vehículo al estacionamiento 
- Bueno entonces ¿me pagará?

Anahi sabía que por más que buscará no encontraría la cartera, y pensó que su única opción sería darle algo al señor, aunque este le desagradaba

- Mire no tengo el dinero en este momento para pagarle, pero quizá podamos llegar a un arregló
 
Decía Anahi mientras se acomodaba el vestido de los pechos 

-Pues si el arreglo es bueno no veo porque no
El señor dijo, mientras se enjugaba los labios

 - Se que no ha dejado de verme en lo que veníamos, y tal vez quisiera ver más
- Puede ser
- Que le parece si le dejo ver mis pechos y mi rajita, para pagar mi viaje 
- No Señorita, uno no vive de ver no más, ese trato no me conviene 

Anahi detesto la respuesta del viejo, pero sabía que en parte tenía razón, debía ofrecerle algo más.

- Que le parece si dejo que me toque los pechos y me los chupe, incluso puede pasar sus dedos sobre mi rajita.

Lo decia Anahi mientras sacaba sus tetas del vestido y se quitaba el brassier, dejando caer sus grandes pechos al descubierto.

Sin dudarlo el señor se avalanzo sobre ellos y empezó a chuparlos, y apretarlos, succionaba los pezones fuerte que lastimaba un poco a Anahi, y en lugar de excitarla le incomodaba, pero el viejo seguía prendido en ellos, mientras con sus manos regordetas le tocaba las piernas y le sobaba la concha, lo hacía bruscamente que friccionaba y raspaban a Anahi, pero no decía nada con tal de ya pagar y librarse de él. 

Aquella situación le asqueada y quería ya terminara y entrar por fin a su casa.

- Bueno servido, creo con eso le he pagado
- A decir verdad yo no acepte ese trato, usted me hizo perder otro viaje y necesito algo más para dar el servicio por pagado.

Que viejo tan mañoso y vulgar pensó Anahi, ya estaba odiando su situación y como el viejo estaba sacando ventaja de ello. Pero quería ya salir de ese problema y no verlo nunca más, así que dijo:
- Bueno pasemos a mi departamento, le daré lo que quiere y ya no lo veré de nuevo
- Eso es lo que esperaba oír.

Anahi paso al hombre a su departamento, Don Mario no había perdido oportunidad para verla mientras la seguía, observaba con detenimiento cada contoneo de sus caderas, miraba fijamente sus piernas al subir cada escalón del edificio, tratando de ver por debajo de ese vestido que se alzaba al subir cada peldaño y que se pegaba muy bien a su silueta. Finalmente al entrar Anahi dejó su bolso y demás cosas sobre la mesa e invito pasar al señor. 

-Bueno, llego la hora puedes empezar

Ella se reclino sobre el sillón, poniéndose de espaldas a él, alzando su vestido y dejando ver su gran y redondeado culo en tanga. Ya tenía ganas de acabar con ello, se había puesto de espaldas, porque no quería ver la cara de aquel hombre mientras la hacía suya.
Mientras tanto Don Mario se acercaba lentamente a ella, se sobaba el pantalon y cuando estuvo muy cerca de ella, le acaricio las nalgas, le alzo la tanguita y se la hizo de lado, paso sus dedos por enmedio de sus nalgas y finalmente los coloco sobre la rajita de Anahi, los froto un poco brusco, no tanto como en el coche, pero seguía sin ser del agrado de ella.

-Parece que hace falta humedecer aquí
-mmm
Mientras se llevaba los dedos a la boca y los ensalivaba, para después ponerlos de nuevo en su panochita y esta vez si meterlos.

-Esto es lo que necesitaba, mi salivita
Anahi lanzó un quejido, no de placer, más bien de incomodidad, pero a los oídos de Mario eran de excitacion

-¿Por qué no la metes ya?
Dijo Anahi 

Mario se dio la vuelta, mientras acariciaba con sus dedos toscos,las nalgas de Anahi, luego su cadera y cintura, subiéndolos por la espalda hasta el cuello, causándole una sensación de escalofríos, que continuaron por las mejillas de Anahi, hasta tocar sus labios y quedar completamente frente a ella, y sujetando su barbilla se la alzo para ver esa mirada de vergüenza y desagrado, quizás asco que Anahi tenía. Y con una voz burlona y de quien está en dominio de alguien le dijo.

-Estoy cobrando mi servicio, y no quiero que sea así, quiero ver tu cara cuando te este haciendo mía, quiero que te desnudez para mi, sentir que deseas ser penetrada por mi, que me des una mamada muy rica, con esa hermosa boquita (apretando y jalando sus labios) , que me saques mi leche y verla en tu cara y después de eso me habrás pagado la deuda.

Anahy teniendo las manos del hombre en su cara y sintiéndose vulnerable, asintió con la cabeza, para inmediatamente después sentir una cólera interna con ella misma, su situación y el viejo, por la impotencia de no haberse negado.

- Bueno, empecemos, ponte de frente a mi y desnudate 

Mientras se sentaba en un sillón vacío de la sala.

Anahi obedecía automáticamente sin pensarlo ni dudarlo, como si estuviera en un trance, aunque en sus pensamientos se negaba, su cuerpo seguía las órdenes de aquel señor, quedando completamente desnuda, al antojo y merced de don Mario. 

-En verdad, estas muy buena, mira que ricas tetas tienes, date vuelta, y ese rico culito. Acercate, quiero que me des una buena mamada.

Se había desabotonado la camisa y dejaba ver una sport "blanca ", con agujeros y manchas quizá de comida o aceite, y unos pantalones también muy desaliñados, su aspecto era todo lo que evitaba Anahi en un hombre, y que desagradaba, sin embargo se dirigió para cumplir con la encomienda. 
Se inclino sobre él dejando caer sus pechos casi sobre la cara, los cuales fueron víctimas nuevamente de las manos de Don Mario. Mientras ella desabrochaba el pantalon, y finalmente sacar su pene. Que al verlo Anahi quedó sorprendida, ya que al menos esperaba un pene de tamaño regular, pero se encontró con un pene demasiado corto, quizá de unos 10cm o tal vez mas, ya que la barriga y los pelos de la zona lo hacian lucir mas chico, aunque si algo grueso, lo que resigno un poco a Anahi, de que quizá el grosor, podría satisfacerla, a final de cuentas también se iba a desestresar aquel día, aunque la cabeza era delgada, se veía como iba engrosando poco a poco y ya resignada Anahi se dispuso a por lo menos sacar su estrés. 

Tomo con una de sus manos el pene de Don Mario, y acercó su boca, cerró sus ojos y empezó a chupar la verga dura del viejo, la verga le entraba sin dificultad a la boca, en contraste con la de su pareja anterior que apenas y le cabia, y de cierto modo eso le agradaba el poder tener toda la verga dentro de su boquita sin embargo mantenía los ojos cerrados porque quería imaginar algo que realmente le excitara y desvanecerse de aquella situación. Cuando de repente sintió las manos ásperas de Don Mario sobre sus mejillas, nuevamente el sentir sus manos la incomodaba y la hacía salir de esa sensación de placer que empezaba a sentir, Don Mario aún acariciando su cara le hablo y dijo:

- Abre los ojos hermosa, quiero contemplar tu mirada mientras me estas mamando la verga.

Anahi apretó los párpados con una sensacion de coraje e impotencia no quería ver al desagradable sujeto, mientras chupaba su desagradable verga, sin embargo después de un respiro abrió los ojos y alzo la mirada a la cara de Don Mario.

Para Don Mario aquella visión era de ensueño, una hermosa, rica y tetona mujer joven dándole una muy buena mamada con una mirada encantadora viéndolo fijamente, le hacía sentir que cumplía sus fantasías, por otro lado la perspectiva de Anahi, era otra su campo visual era el de una barriga redonda y peluda, cubierta por una ropa mugrienta y la mirada lividinosá y burlona de un viejo desagradable, mientra chupaba una verga pequeña y su cara especialmente su nariz se pegaba a aquel pliegue entre panza y pelvis que suele mantener cierto olor particular y asqueroso en ciertas situaciones y para Anahi esta era una de ellas.

Sin embargo su posición y aquella panorámica le hizo recordar aquellos paneles de animación hentai que en ocasiones había visto, donde viejos mañosos y asquerosos sometian a jovenciatas a sus placeres. Así se sentía ella como protagonista de alguno de esos paneles. Y dado que aquellas historias le habían causado morbo y excitacion anteriormente no tardo en llegar a sentir lo mismo por su situación, era consciente que le desagradaba estar complaciendo a un viejo mañoso, pero sin embargo llegó a sentir excitacion por la misma situación en la que se vio obligada a hacerlo.

Mientras Anahi continuaba chupando la verga de Don Mario y fue notando como esta se ablandaba en su boca, parecía que había quedado flácida, así que succiono con más fuerza para hacerla endurecer, pero no funcionaba, de pronto Don Mario la detuvo y dijo

-Espera, ahorita continuas

Anahi separó su boca de la verga del señor y se quedó hincada esperando para continuar, apretó las piernas y estaba sorprendida de que estuviera mojada, no esperaba llegar a excitarse de esa forma, aunque en realidad ya quería terminar y sacar al hombre de su casa.

Mientras Don Mario se jalaba enérgicamente la verga para despertarla, quizás la edad no le permitía tener el vigor de su juventud, Anahi veía como no podía hacer que se levantará su verga nuevamente así que se dispuso a ayudarlo, nuevamente se acercó a chuparle la verga pero esta vez se puso de pie, simplemente inclino su dorso para acercar su boca al pene de Don Mario y meterselo flácido a la boca, mientras le daba a Don Mario un mejor panorama que el anterior, el de sus nalgas inclinadas formando un gran durazno a sus ojos y sus grandes tetas cayendo y reposando sobre sus piernas, podía sentir los ricos pezones de Anahi rozando sus piernas peludas, aunado a la mamada magistral que ella le hacía, notaba como su verga iba poniéndose dura nuevamente y Anahi también lo noto.

Don Mario no tardo en decirle

- Empinate, ya quiero meterte la verga

Anahi obedeció sin mas y apoyándose sobre uno de los sillones se reclino y dejó su culo a merced de Don Mario, quien se apuro a sacar un condon viejo de su cartera y colocarselo de prisa.

Anahi observaba de reojo, esperando el señor se acercara y la hiciera suya, de repente sintió sus manos sobre sus nalgas y como estas las separaban, de repente sintió un empujon y como la verga del señor le penetraba, aquel empujon le causó algo de placer sobre todo porque llegó a sentir aquel grosor del tronco del pene y como le abría, y esperando llegar a sentir más penetraciones de ese tipo, su desilucion llegó pronto cuando los movimientos que le siguieron fueron demasiado lentos y calmados, apenas sentia movimiento dentro de ella. Aunque esos movimientos no tardaron en acelerarse, y justo cuando empezaba a sentir placer por su cuerpo, sintió como abruptamente fue tomada con fuerza por las manos de Don Mario, empujada sobre el sillón y fue dada vuelta con fuerza, aquella brusquedad despertó en anahi un sentido de lujuria y esperaba ser tomada con fuerza por aquel señor, sin embargo se encontró con las siguientes palabras:

- Acerca tu cara putita que te daré mi lechita- mientras se sacaba el condon y lo tiraba en el piso de su sala

Y aunque no le molestaba que le llamaran de esa forma, viniendo de aquel sujeto tan desagradable le llenaba de enojo, sin embargo se acercó obediente esperando aunque sea ser cubierta de leche espesa, pero de nuevo la desilusion la invadió cuando de su pene solo salieron chorritos muy aguados y, poco blancuzcos. 

Rápidamente Don Mario sacudió su pene dejando salpicar unas pequeñas gotas en la cara de Anahi, se subió el pantalon y se dispuso a salir de la casa, con Anahi aun tirada en el sillón con cara de incrédula, le dirigió unas palabras a ella y dijo:

- Muchas gracias por el pago, mañana paso de nuevo por ti a tu trabajo, no tienes que llevar cartera. - Con un tono burlon y de superioridad, orgulloso como de un hombre que ha logrado satisfacer a una mujer y está queda con ganas de ser suya repetidamente, al menos así lo sentía Don Mario. 

Luego de ello salió y cerró la puerta con fuerza, Anahi se sentía molesta, tonta, impotente y más que nada insatisfecha, tardo unos momento lamentándose en el sillón y se puso de pie para ir a la regadera, no para lavarse por el asco, sino para quitarse las ganas que aquel hombre no supo apagar, y mientras estaba en el baño se dio mucho placer y por su mente pasaban las imágenes de aquellos paneles de sumisión de jovencitas con viejos asquerosos, hasta ir tomando las imágenes suyas y de don Mario, hasta terminar pensando en lo ocurrido hace un momento. 

Salio del baño y se encaminó a su recámara, tomó su celular y se dedico a buscar más imágenes de aquellas situaciones, provocando más y más morbo en ella haciéndose tocar y venirse hasta el cansancio, terminando el día exhausta y con la idea que ahora ella era una de aquellas mujeres que era usada por un viejo mañoso para su placer aunque ella no lo disfrutara, y esbozando una sonrisa,  el morbo de lo que acaba de empezar la lleno por completo, sabiendo que aquel hombre ahora se sacearía con ella aún contra sus propios deseos consientes. 

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